Homosexualidad, una “enfermedad” muy natural.

Muy avanzado el mes de Junio en nuestros calendarios llegamos otro año más al día 28, un mes caracterizado por los exámenes, trabajos o balances, que para los afortunados marca el comienzo de unas merecidas vacaciones y para otros el inicio de un largo verano, también cabe la reivindicación. Concretamente en este día conmemoramos el inicio de los “Disturbios de Stonewall” enmarcados en un momento histórico en el que la homosexualidad era ilegal y perseguida en los Estados Unidos de América y que supusieron el inicio de la lucha por los derechos civiles de la comunidad LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) en el mundo entero.

Nuestro país inmerso en una complicada e histórica vorágine de búsqueda de identidad internacional, la llamada “Marca España”, no es suficientemente consciente de que alberga el honor de ser el país con mayores cotas de aceptación de la homosexualidad a escala mundial seguida de Alemania, Canadá o la República Checa según la mayoría de estudios sociológicos. Esta burbuja de libertad que supone España en contraposición a países como Marruecos, Arabia Saudí o Irán, nos permite desde una Asociación que aspira a un hueco en la cultura de la divulgación de la ciencia, hacer balance de la trayectoria de la “Diversidad Sexual” en el mundo científico.
Los que estamos metidos en este mundo sabemos, que la diversidad de opiniones, la divergencia de las teorías, la falta de consenso y “el donde he dicho digo, digo Diego”, para luego al fin llegar a un postulado de se constituye en una condición irrefutable es una de las máximas de la disciplina científica. La Homosexualidad y la Bisexualidad, no podían librarse por tanto tampoco de esta deriva entre señores y señoras de “bata blanca”.
Algo tan evidente para nosotros como al Teoría Heliocéntrica supuso para el mismísimo Galileo Galilei ganarse encarnizados enemigos defensores del Geocentrismo, pero el tiempo como siempre puso a cada uno en su lugar en la historia. Puede parecer muy lejano, algo de otro tiempo, pero hasta hace muy poco en términos históricos, en los siglos XIX y XX pocas voces se atrevían a contradecir la línea oficial del momento que definía la Homosexualidad como una enfermedad o patología que requería ser curada con diversas terapias y tratamientos. Esta consideración de las tendencias LGTB fue evolucionando en acalorados debates, de enfermedad o trastorno mental hasta conseguir que en 1973 la homosexualidad y la bisexualidad fueran retiradas del manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales (DSM) por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). Supuso un replanteamiento de la postura mantenida, en 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS), retirara la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales, pero incluso en el cercano año 2000 la APA se vio obligada a firmar una declaración en la que expresa que “no hay evidencia científica que apoye la eficacia de la terapia ‘reparativa’ para alterar la condición sexual, por lo que no está incluida como tratamiento psiquiátrico”. Aun hay personas que, contradiciendo a la ciencia, siguen pensando que se trata de un trastorno a tratar.

“La orientación sexual es una atracción emocional, romántica, sexual o afectiva duradera hacia otros. La orientación sexual existe a lo largo del continuo que va desde la heterosexualidad exclusiva hasta la homosexualidad exclusiva e incluye diversas formas de bisexualidad. Las personas bisexuales pueden experimentar una atracción sexual, emocional y afectiva hacia personas de su mismo sexo y del sexo opuesto. A las personas con una orientación homosexual se las denomina a veces gay (tanto hombres como mujeres) o lesbianas (sólo a las mujeres).”

Definición de Orientación Sexual de la American Psychological Association

Actualmente se han convertido en evidencias los motivos que nos llevan a una negación de la Homosexualidad como enfermedad; respecto a la salud física no está directamente relacionada con ninguna patología biológica, respecto a la salud mental la comunidad LGBT no tiene mayor porcentaje de patologías mentales o infelicidad que otras posibles minorías discriminadas. Tener una conducta sexual diferente a la heterosexual no implica ser ni más ni menos feliz, ni afecta a la capacidad del individuo a desenvolverse con total normalidad en el ambiente social.
En cuanto a su origen parece claro de que se trata de un compendio de factores biológicos (genéticos y hormonales), sociales (cultura y conductas) y ambientales (entorno). La mayor parte se la sociedad nos diría que es muy sencillo y evidente diferenciar el sexo de los individuos, pocas cosas son tan claras como esta, basta con mirar en el sitio correcto y la respuesta habla por sí sola. Sin embargo todo es mucho más complicado.
Existen casos en los que el Sexo genital no se corresponde con el sexo hormonal, fenotípico o cromosómico. Es decir pueden darse en un mismo individuo “diferentes sexos” que ponen en apuros al menos ortodoxo de los tribunales y es que una mujer, por ejemplo puede verse, crecer y desarrollarse como mujer, pero genéticamente puede ser un hombre debido a su condición biológica. Un buen ejemplo es el siguiente: Tenemos una mujer con unos genitales femeninos completamente formados, unos caracteres secundarios femeninos estándar como escaso vello en tórax y cara, pero que nunca ha menstruado (algo posible y relativamente común en atletas sometidas a exigentes entrenamientos entre otros casos). En principio todos afirmaríamos de que se trata de una mujer con todas las de la ley, sin embargo un estudio genético de su cariotipo nos revela que presenta el cromosoma Y relacionado con las características masculinas. El “efecto masculinizante del cromosoma y” reside en la región determinadora del sexo o región “SRY” que dirige la síntesis del factor determinante testicular que lleva a la degeneración de los Conductos Mülerianos y al desarrollo de los Conductos Wolffianos que en presencia de testosterona dan lugar al aparato reproductor masculino. Todos partimos de un verdadero hermafroditismo embrionario con unas gónadas comunes, la presencia del “cromosoma Y” y su Región SRY determinaran un futuro “hombre” o su ausencia una futura mujer”. En el caso de esta atleta a pesar de presentar el cromosoma masculino “y”, presentaba una región “SRY” no funcional, es decir aunque cromosómicamente era un hombre, genéticamente era mujer y por tanto biológicamente pertenecía al sexo femenino.

Dibujo

Como vemos si algo tan sencillo como la diferenciación sexual que solo debería  depender en principio de la genética como la definición del sexo masculino y femenino puede complicarse hasta límites insospechados, ¿cómo podemos entonces atrevernos a afirmar que lo natural es ser heterosexual y que no hay más opciones, en algo que además del genético intervienen factores, sociales, culturales, etc?

Diversas experiencias empíricas nos hacen pensar que existe un dimorfismo sexual en el cerebro.  Si a una rata macho le extirpamos los testículos (desmasculinizamos) e inyectamos estrógenos  responderá sexualmente ante machos. Si a una rata hembra le inyectamos testosterona durante sus primeros diez días de vida (en los que existe una ventana crítica) y mantenemos este pulso de testosterona durante su desarrollo, sufrirá una masculinización en la conducta sexual. La realidad es que esto no es totalmente extrapolable al hombre,  ya que en él hay que tener en cuenta muchos otros factores, pero nos sirve para abrir un nuevo ámbito de reflexión sobre el asunto en cuestión.

Estamos viviendo la infancia de la aceptación de diversidad sexual como algo sano y natural abierta en los años 90 del siglo pasado, lo que nos está permitiendo analizar sus posibles ventajas biológicas y evolutivas en el mundo animal, ya que no es algo exclusivo ser homo sapiens:

  • Unas 400 especies participan en actividades homosexuales, incluidos los chimpancés pigmeos (machos y hembras), que están estrechamente relacionados con los seres humanos.
  • En algunos casos hay razones reproductivas, por ejemplo los peces mexcalpiques imitan a las hembras para confundir a sus rivales.
  • La preferencia a largo plazo por parejas del mismo sexo es rara, pero 6% de los borregos cimarrones son de hecho “gay”.

Fuente: Nathan Bailey y otros: “comportamiento sexual con el mismo sexo y evolución” en Tendencias en Ecología y Evolución

Algunas de las hipótesis que intentan explicar la “función biológica de la homosexualidad” se inclinan hacia la teoría de que los grupos de genes implicados en la orientación homosexual pueden tener beneficios en el éxito reproductivo de la especie, es decir la existencia de homosexuales ayuda al éxito reproductor del resto de individuos, una de las bases de la correcta evolución.

Paul Vasey , profesor de psicología en University of Lethbridge propuso la hipótesis del “colaborador en el nido”, según la cual los gays compensan en las sociedades samoanas su falta de hijos promoviendo la capacidad reproductiva de sus hermanos actuando como “tíos”. Enunció esta teoría tras observar a los fa’afafine de Samoa, que son “hombres femeninos” criados como tales por sus familias como un tercer sexo.  Existen argumentos a favor de la función biológica de la homosexualidad para todos los gustos, desde que favorece la cohesión del grupo aumentando las posibilidades de supervivencia, a que retira competidores en la lucha por las hembras reduciendo la conflictividad la conflictividad en el grupo, aprovechando este excedente energético, ya que la lucha por hembras supone un gasto energético extra que puede ser dedicado a otras necesidades, o que la existencia de individuos sin obligaciones familiares permitía nuevas funciones alternativas como por ejemplo, la vigilancia, la fabricación de herramientas, instrumentos o útiles favoreciendo el desarrollo de sociedades con funciones jerárquicas.

Dibujo

Sea lo que fuere queda demostrado que la homosexualidad no es por tanto una perversión de las leyes de la vida por el hombre o un síntoma de la decadencia moral de la humanidad, en todo caso de serlo, lo sería de toda naturaleza en sí.

 

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